Diocesis de Escuintla


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Mensaje Diocesano
5to. Domingo del Tiempo ordinario
Diócesis de Escuintla
07 de Febrero Año de la Misercordia 2016
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¡NO RECHACEMOS LA MISERICORDIA DEL SEÑOR!


Queridos Hermanos y Hermanas:


La Palabra de Dios en este domingo nos presenta la escena central del Evangelio como continuación de aquella del domingo pasado: Cristo, revelador de la Misericordia del Padre y profeta que anuncia “el tiempo del perdón, de la liberación del pecado y de la muerte” pronuncia nuevamente que “la promesas de Dios” en la Escritura “se cumplen hoy”, es decir con su misma presencia entre nosotros. Si alguien nos dijera que el médico y la medicina son lo mismo, nos costaría creerlo, pero en el camino de la Fe, aquel que nos a traido la salvación es el mismo que la realiza, Jesucristo: ¡Él es el hoy de Dios! Y estamos llamados a abrir nuestros corazones y nuestra vida a su anuncio y acción para tener vida nueva y alegría verdadera. Pero, como el mismo Papa Francisco nos indica en sus enseñanzas para el Año de la Misericordia: “Hay quienes se resisten a este momento de Dios, quienes rechazan la misericordia divina”. Cierto: ya en la primera lectura, cuando el Señor presenta a su profeta, en este caso la vocación de Jeremías, se indica que “habría contra él oposición” pero que el profeta no pude echarse atrás, sino ser fiel a su misión. En el caso de Jesucristo, el más grande profeta y al que anunciaron todos los profetas se cumple el destino dramático de Jeremías: 1) Ante el anuncio de la “hora de la salvación” Jesús es criticado porque tiene un origen humilde: ¡ay de los que buscan predicadores de elegancia materialista, artistas de falsos evangelios que encantan a los ojos pero desvían el corazón!. Como vemos, hay en nosostros un “amor a la grandeza, a la fama, al espectáculo (“le pedían que hiciera algún milagro delante de ellos”); 2) En el fondo, aquellas gentes eran “nacionalistas ciegos” y rechazaban a quienes no eran de su pueblo: ¡también hoy hay quienes se sienten bien religiosamente porque se creen mejores que los demás, más dignos de Dios que los sencillos!; 3) La escena termina cuando Jesús se retira: Él seguirá llevando el anuncio de la Misericordia para todas las persona, sin hacer distinciones de nacionalidad, de edad, de condición social. Aquellos se quedan en su pequeño y orgulloso pueblo: con su orgullo, con su prejuicio han rechazado al enviado de Dios. ¡Abramos nosotros nuestro corazón con humildad y no rechacemos la misericordia! Que en este Año tan especial, pueda el Señor cumplir lo que promete en la Escritura: “Miren que estoy a la puerta y llamo: dichoso quien me abre” (Ap 3, 20). Y que como el mismo Señor nuestro Maestro, le imitemos como “misioneros de la miericordia” en su servicio incansable a la Buena Nueva de la salvación: a pesar de rechazarlo, el mundo necesita urgentemente de ese “hoy” de la salvación que es el mismo Jesús de Nazareth.




Evangelio del domingo, 7 de Febrero de 2016
Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,1-11


Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar." Simón le respondió: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes." Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador." Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: "No temas. Desde ahora serás pescador de hombres." Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.





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